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Niños del Clan, escritores emergentes.

10 de mayo de 2017
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Por: Omar Vásquez

Esta tarde en Corferias cada recoveco huele a libros nuevos. Caminar es difícil. Los transeúntes se tropiezan, pero continúan entusiasmados. Los asistentes quieren entrar a los pabellones. Buscan su literatura preferida, a la autora que han perseguido y que se ha escondido. En esta versión de la Feria del Libro de Bogotá hay fiesta, hay sonrisas, y el deseo de navegar en letras que otros han escrito para jugar y sumergirse en un viaje ineludible con la lectura.

Mientras algunos compran títulos atractivos o comparten experiencias en los auditorios, un grupo de niños del área de literatura de Clan –Centros Locales de Artes para la Niñez y la Juventud- trata de calmar la euforia que les produce presentar en este escenario un libro de antologías, su libro.

Daira Camila Gonzales, ajusta sus gafas y lanza una sonrisa luminosa. Sus pecas se encienden. Su alegría es innegable. “Estoy feliz, aquí estamos viendo lo que hemos hecho como equipo Clan, de todo esto ha salido algo bueno. Esto es algo que gozo, que disfruto. Yo me divierto mucho, porque me caigo y puedo levantarme”. Daira escribe poesía y es una de las niñas que participa en el programa de Idartes y la Bogotá Mejor para Todos, que pretende ocupar  con el quehacer artístico la jornada alterna al colegio, y que ha fortalecido proyectos de vida de la población involucrada.

Como escapado de su cuerpo, Mateo Wilches de 9 años contempla desde un segundo piso el movimiento de los fanáticos de la lectura. Algunos de ellos serán los asistentes al conversatorio que tendrá en breves minutos sobre su libro "Las estaciones del Sol. Volumen II". Trata de calmar su ansiedad. Aprieta uno de sus escritos y se atreve a leerlo. “Los toros cazan por deber de alimentarse. Los humanos asesinan por saciar su gusto […] El poder domina mis sentimientos, mis sentimientos dominan mi parecer”. Repite el texto una y otra vez. No quiere equivocarse cuando sea el momento de presentarlo a su audiencia.

El auditorio Jorge Isaacs abre sus puertas. Entran las estrellas. Los niños se sientan en el lugar privilegiado de los creadores. Escuchan a Constanza Martínez, asesora pedagógica del área de literatura, que se muestra visiblemente conmovida por la osadía de estos niños, que huyeron del ocio y la mala utilización de su tiempo. Ahora escriben historias de su vida e imaginan mundos fantasiosos.

Poco a poco han perdido el miedo. Los invitan a teatros y espacios abiertos al público. Allí han leído sus textos, aquellos que les pertenecen y que plasman sus letras aún inocentes pero potentes. En los Clan los llaman escritores emergentes y ellos atienden a esa voz que los enaltece, que los impulsa a seguir desarrollando sus capacidades artísticas.

Uno a uno; el de ojitos saltones, la de mirada impactante, la de trenzas, el de sonrisa nerviosa y la de boina bohemia sorprenden al público con sus líneas. Cada frase es recibida con ternura y asombro. Parece que el texto cobra vida. El aplauso interminable funciona de termómetro. Ellos saben que están tejiendo un camino.

Laura Estefanía Avendaño de 10 años resume la jornada con certeza. “Sería chévere que todos leyéramos y nos diéramos la oportunidad de vivir esa aventura”.

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